Y la foto? Cómo ayudaría?

Y la foto? Cómo ayudaría?

Publicado en 14 Noviembre 2018

¿Cuántas veces te ha pasado que vas en la calle y nos encontramos con situaciones que creemos injustas pero nos sentimos impotentes de no saber como ayudar? A mi me pasa todo el tiempo, en lo personal tengo un amor muy grande por los animales y me llamo fiel “defensora de los derechos de animales” Pero muchas veces voy por las calles de México y veo un perro o un gato sin hogar o sufriendo y me culpo por no tener los medios para adoptarlos a todos.

En mi cabeza la solución siempre había sido muy sencilla: Amo a los perros, entonces, cuando sea rica adoptaré a todos los que me encuentre y les daré la calidad de vida que merecen. En mi mundo esa era la solución ideal, pero en el mundo real, será?

Hace dos meses viví una situación que me dio una claridad muy diferente. En septiembre fui a un lanzamiento de la nueva cámara de GoPro HERO7 Black en Tequesquitengo, Morelos.

La mayoría éramos de México pero había varios miembros del equipo de GoPro que eran extranjeros. Llegamos en la tarde y fuimos a hacer diferentes actividades para probar la nueva cámara, todo marcho perfectamente.

Terminaba el primer día , habíamos pasado un rato muy divertido y en la noche fuimos a un baresito del hotel que daba a la calle.

Yo había notado varios perritos afuera del bar esperando que por accidente cayera un pedacito de carne o tortilla del puesto de tacos que estaba justo afuera. Recuerdo haberle dando a un perrito un pequeño pedazo de carne cuando en dos segundos ya tenía como 3 alrededor, pero fue una perrita en especial que llamo mi atención.

Cruzando la calle se acercaba a toda prisa pero note que algo no estaba bien, cuando caminaba se movía muy extraño de lado. En el momento que la vi, mi corazón se apachurró.

Evidentemente tenía la cadera mal junto con su patita trasera y de enfrente, tenía las cuatro patas llenas de lo que podría parecer, mordidas de perro y a comparación de los demás perros que vivían en la calle, estaba flaca hasta las costillas pero lo que más me impacto fue que a pesar de evidentemente haber sufrido tanto ver lo amorosa y cariñosa que era, cuando no le dábamos comida simplemente pedía que le sobáramos al panza y estuviéramos a su lado.

En ese momento mi corazón me decía que tenía que hacer algo pero mi mente trataba de opacar cualquier sentimiento.
Ya tengo una perrita en mi casa rescatada, no tengo tiempo para cuidar dos perros y menos con todo lo que esta perrita seguro necesitaría de tratamientos ¿Qué podía hacer? ¿Cómo podía ayudar a esta perrita que evidentemente no sobreviviría por mucho tiempo sin la ayuda de alguien? Lucha colosal entre sentimiento y pensamientos.

Decidí meterme al bar con mis amigos para aclarar o tratar de “olvidar” esa situación. Después de unos minutos decidí irme a dormir, cuando veo justo en la entrada a una chava del equipo de Estados Unidos, hincada acariciando y dándole de comer a esta perrita en la banqueta.
Nunca había hablado con ella pero decidí acercarme, recuerdo perfectamente como en ese momento volteó hacia mi con lágrimas en los ojos y me dijo: Esto es muy triste, quiero ayudar a esta perrita, quiero adoptarla ¿Me ayudarías? A partir de ahí sentí terror de no saber como empezar pero también instantáneamente me di cuenta que era la oportunidad perfecta para cambiarle la vida, en ese momento supe que mi corazón había noqueado a mi razón.

Parte II

Esa misma noche le conseguimos lo que probablemente fue su primer comida decente.
Un plato de carne y agua.

En el Hotel no admitían perros pero aun así, se portaron muy bien con nosotros, nos dejaron amarrarla enfrente del hotel y el vigilante toda la noche la estuvo cuidando. En la mañana siguiente a las 7 am salí y Jing ya estaba ahí, lista para ir a ver a su nueva cachorra.

En ese momento empezó la verdadera aventura y un camino que sería una de las grandes lecciones de mi vida.

Tequesquitengo es un pueblo muy pequeño y solo hay prácticamente un veterinario pero en el Hotel nos dijeron que había más opciones en un pueblito a 20 min.

La amabilidad de la gente de Teques me sorprendía en cada momento.

Un taxista nos llevó hasta el pueblo, nos espero en el veterinario donde le pusieron sus vacunas, desparasitado y se comió sus primeros 3 platos de croquetas! Después nos llevó de regreso al hotel. En el veterinario no tenía donde bañarla así que Jing compró un shampoo especial para pulgas y garrapatas y la bañamos afuera del hotel. La gente no dejaba de sorprenderme, se acercaban con cubetas de agua para ayudarnos a bañarla, no dejaban de salir pulgas y garrapatas que estaban aferradas a su piel.

Al final del baño se veía el agradecimiento y la felicidad de la perrita, se acostaba para tomar sus baños de sol boca arriba con una gran sonrisa de alivio.

Ese mismo día nos regresamos a la CDMX para que la evaluara un veterinario y ver si podía Jing al día siguiente viajar con ella a San Francisco. Su primera noche la paso en casa de una amiga @unatalmafer ahí la perrita por primera vez supo lo que era dormir sobre un sofá cómodo y suave, durmió al lado de Jing como bebé. Al día siguiente fuimos al veterinario y a Petco para comprarle su kennel de viaje y comida, pero nos llevamos una sorpresa cuando el veterinario la reviso y nos dijo que era una perrita que se recuperaría pero no estaba en las condiciones para viajar en ese momento, nos dio de 1 a 3 meses de recuperación antes de irse a su nuevo hogar.

En ese momento yo no podía quedarme con la perrita porque tenía viajes de trabajo, pero dos amigas que cuidan a mi perra cuando no estoy aceptaron cuidarla hasta que estuviera bien Jing tuvo que regresar al día siguiente a San Francisco pero desde el momento en que me la dejo estuvo al pendiente cada momento.

El proceso de recuperación y adaptación fue relativamente rápido un mes (el tiempo mínimo que nos había dado el veterinario) Le hicimos todas las pruebas necesarias y todos los requerimientos que pedían para poder llevarla a Estados Unido en avión.

Laura y Norma cuidaron y curaron a Tiki (nombre temporal) como si fuera de ellas. Una semana después Jing me marcó para decirme que ya tenía el nombre definitivo de la perrita, se llamaría VIDA. Fueron días de estudios y entrenamiento para que se adaptara a su kennel donde viajaría en avión, adaptación hacia la gente y otros perros.

Lo que me sorprendía de Vida era que a pesar de todo lo que aparentemente había sufrido siempre buscaba amor con las personas y muy juguetona con perros, siempre fue la más dulce y cariñosa. Por fin llegó el día de su última visita de veterinario, el doctor estaba admirado con la evolución y el aumento de peso.

A pesar de que su pierna y cadera seguían dañadas nos dio luz verde para que pudiera viajar y que en Estados Unidos le hicieran los exámenes necesarios para evaluar su condición.

Una semana después ya teníamos todo listo para llevar a VIDA a nueva VIDA.

 

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